El apocalipsis de las baldosas: Lerma al borde del colapso por la peatonalización
Según fuentes cercanas a una cafetería donde se reúnen tres vecinos indignados, la propuesta del gobierno socialista de Lerma de peatonalizar el casco histórico podría desencadenar el mayor desastre de la historia local desde que se acabó el vino en las fiestas de 1997.
Comerciantes y vecinos advierten que esta medida conducirá irremediablemente a la ruina absoluta: las tiendas cerrarán, las casas se desplomarán por falta de coches aparcados delante y las calles quedarán desiertas como en una película de zombis.
Un testigo anónimo, que asegura haber visto a un concejal pasear tranquilamente, declaró:
“Si no puedo aparcar en la puerta de mi casa, ¿qué será lo siguiente? ¿Que tenga que caminar 50 metros? Esto es Venezuela.”
Además, los críticos sostienen que esta estrategia esconde un maquiavélico plan para multar a los vecinos a cada paso que den, generar división social y, de paso, practicar ejercicio encubierto contra la voluntad del pueblo.
No faltan teorías conspirativas: algunos opinan que la verdadera intención es reducir las calles afectadas únicamente a la Plaza Mayor y San Blas para luego “ceder” ante las protestas, pero salirse con la suya como siempre.
Los concejales, según los rumores, ni siquiera serían de Lerma, sino enviados secretos de una organización internacional cuyo objetivo es instaurar la dictadura del monopatín eléctrico.
La conclusión es clara:
La peatonalización no es una medida urbanística, sino el principio de un nuevo orden mundial en el que nadie podrá aparcar delante de la panadería sin sentir que Lerma se desmorona.